Factura electrónica, Veri*factu, registro de jornada, libro de subcontratación. En pocos años han llegado varias normas que piden registrar, conservar y poder rastrear documentos. Qué exige cada una, en qué estado está y por qué ninguna obliga a llevar el parte de trabajo en digital.
El encargado lleva tres obras y no puede estar en todas al cierre de la jornada. Qué le pasa al parte mientras espera su firma, qué mira quien firma algo que no ha visto ejecutar y qué tiene que cumplir un circuito de firma en diferido para que esa firma signifique algo.
Los tres viajan juntos y acaban en la misma carpeta, pero no demuestran lo mismo ni sirven para cobrar lo mismo. Qué prueba cada uno, en qué orden existen y por qué confundirlos sale caro.
Entre el parte firmado y el dinero en la cuenta hay un corte, una medición y al menos tres personas que tienen que decir que sí. El ciclo del mes, visto desde el gremio que cobra.
El parte está completo, firmado y en orden. Lo único que falla es la fecha en que ha aparecido. Por qué se amontonan justo al final, qué queda por intentar y cómo no volver a llegar así.
El talonario cuesta cuatro euros. Usarlo cuesta bastante más, pero repartido en sitios donde ninguna contabilidad lo junta. Seis costes y cómo estimar cada uno con números que ya tienes.
Un parte casi nunca se discute por la firma: se discute por lo que hay escrito encima. Los campos que no pueden faltar, los que casi siempre faltan y los errores de redacción que salen caros.
El trabajo está hecho y la firma que te permite cobrar no está. Qué hacer el mismo día, qué salidas tiene el circuito y cómo evitar que se repita en la próxima obra.
El parte lo firman dos personas, y solo una de esas firmas te permite facturar. Quién firma qué, cuál de las dos puede esperar y por qué eso importa más de lo que parece.