Parte, albarán y certificación: en qué se diferencian
Los tres viajan juntos y acaban en la misma carpeta, pero no demuestran lo mismo ni sirven para cobrar lo mismo. Qué prueba cada uno, en qué orden existen y por qué confundirlos sale caro.
Los tres viajan juntos. Se grapan, se meten en la misma carpeta y acaban en la misma mesa a fin de mes. Por eso es tan fácil tratarlos como si fueran versiones del mismo papel.
No lo son. Cada uno demuestra un hecho distinto, y la conversación que empieza con «ya te pasé el albarán» termina casi siempre en la misma respuesta: eso no es lo que hacía falta.
Los tres, en una frase cada uno
| Documento | Quién lo emite | Qué demuestra | Cada cuánto |
|---|---|---|---|
| Parte de trabajo | El gremio, en la obra | Que una jornada concreta se ejecutó, y con la firma, que la constructora lo dio por bueno | Por jornada |
| Albarán | Quien entrega: el proveedor, el almacén | Que algo se entregó y alguien lo recibió | Por entrega |
| Certificación | La constructora, o el gremio para que ella la apruebe | Cuánto trabajo hay ejecutado en un periodo y a qué precio | Por periodo, normalmente el mes |
Puesto en verbos, que es como mejor se ve: el parte documenta trabajo, el albarán documenta una entrega y la certificación valora un periodo. Tres cosas diferentes. Ninguna sustituye a otra.
El parte de trabajo: prueba que el trabajo se hizo
Lo emite el gremio y se escribe en la obra, el mismo día. Recoge quién estuvo, cuántas horas, qué se ejecutó y en qué punto, qué material se empleó y qué incidencias hubo. Lo que tiene que llevar escrito, campo a campo, está en qué debe llevar un parte de trabajo.
Lo que lo convierte en algo más que una nota interna es la firma del jefe de obra de la constructora. Sin ella el parte describe una jornada según el gremio; con ella, la constructora ha dado por bueno que eso se ejecutó. Quién tiene que firmar y en qué orden está en quién firma un parte de trabajo.
Y conviene saber lo que un parte no prueba: no fija el precio. Un parte puede decir catorce horas y esas catorce horas pueden acabar valiendo lo que dice el precio hora del contrato, o estar incluidas dentro de una unidad cerrada y no generar ningún importe adicional. El parte dice qué pasó. Cuánto vale lo dice el contrato.
El albarán: dos documentos con el mismo nombre
Aquí está la mitad del lío, porque en el sector se llama albarán a dos papeles que no se parecen.
El albarán de entrega de material
Lo emite quien entrega: el proveedor, o el almacén del propio gremio. Lo firma quien recibe en obra, que puede ser cualquiera —el operario que estaba más cerca, un peón, el que abrió la puerta—.
Prueba una cosa y solo una: ese material entró en esa obra ese día. No dice que se haya instalado. No dice quién lo instaló ni cuánto tiempo llevó. Material que entra puede volver al almacén, puede acabar en otro portal, puede quedarse de sobrante o puede pertenecer a una fase que todavía no toca certificar.
Es un documento útil y necesario, pero para otra cosa: el control de compras y el coste de la obra.
Y va a otro sitio. El albarán de material acaba en el circuito de compras, cotejado contra la factura del proveedor; el parte acaba en el circuito de la certificación. Cuando los dos se mezclan en la misma carpeta, lo habitual no es que uno haga el trabajo del otro: es que los dos circuitos se queden a medias, y que al cierre falten albaranes en compras y falten partes en certificación.
El albarán de servicio
El otro albarán es el que cierra una intervención: cliente, avería, lo que se ha hecho, firma del cliente. Funciona muy bien en el mundo del servicio técnico, donde cada visita es una unidad completa que empieza y termina.
En obra encaja mal, porque una obra no se mide por servicios. Se mide por unidades ejecutadas y por horas, contra unos precios pactados de antemano. Y quien firma no es «el cliente»: es el jefe de obra de la constructora, que valida contra un contrato. Muchas plantillas y muchas aplicaciones están diseñadas alrededor de ese esquema de servicio, y por eso piden «cliente» y «avería» a un electricista que lo que necesita es apuntar metros de bandeja y esperas.
La certificación: no es de un día, es de un periodo
La certificación no describe una jornada. Valora todo lo ejecutado en un tramo de tiempo, a los precios del contrato.
Sale de una medición de lo que hay hecho, y los partes son lo que respalda la parte que no se puede medir a posteriori: las horas, los extras, las esperas, lo que quedó tapado. De ahí que un mes de partes flojos se note en la certificación aunque la obra vaya bien.
Otra diferencia de fondo: el parte describe, la certificación valora. Un mismo trabajo, descrito exactamente igual en el parte, puede generar un importe u otro según cómo esté contratado —por unidad cerrada, por precio hora, como extra—. El parte no cambia; lo que cambia es el precio que se le aplica. Por eso un parte impecable no garantiza el importe que uno tenía en la cabeza.
Tampoco es la factura. La certificación aprobada es lo que abre la factura, no la sustituye. Todo el recorrido —el corte, la relación valorada, la medición y quién aprueba qué— está en del parte de trabajo a la certificación mensual.
En qué orden existen
albarán de material → parte de trabajo → relación valorada → certificación → factura
(llega material) (se ejecuta) (se agrupa el mes) (se aprueba) (se cobra)
El albarán no siempre va primero: hay material que llega después de empezar el tajo y hay trabajos que no llevan material ninguno. Lo que sí se cumple es el resto de la cadena, y tiene una propiedad que casi nadie mira: solo funciona hacia delante.
De un montón de partes se monta una certificación. De una certificación no se reconstruyen los partes que faltan. Si se pierde un peldaño intermedio, el hueco se queda, y el momento en que se descubre suele ser el peor posible: cuando alguien pide justificar una línea meses después.
El error que más caro sale: el albarán de material como parte de mano de obra
Es el cambio más frecuente y el que más dinero deja por el camino.
Por qué se hace. El albarán ya existe. Viene impreso, lo ha emitido un tercero, trae una firma encima y tiene pinta de documento oficial. No hay que rellenar nada. Y en trabajos pequeños, o en reformas, a veces es literalmente el único papel que se ha generado ese día.
Qué deja sin respaldo. Cinco cosas concretas:
- Las horas. El albarán no las lleva, y las horas son buena parte de lo que se cobra.
- Quién ejecutó. Un albarán no nombra a los operarios que hicieron el trabajo.
- El día del trabajo. Fija la fecha de la entrega, no la de la ejecución. El material puede entrar un lunes y montarse tres semanas después.
- La conformidad. La firma de un albarán dice «esto ha llegado». No dice «esto está bien hecho y lo doy por ejecutado». Son dos afirmaciones distintas y solo una permite certificar.
- Las incidencias y las esperas. Ahí es donde están las horas recuperables, y en un albarán no hay hueco para escribirlas.
Y en la medición tampoco ayuda: nadie mide una obra con albaranes de proveedor.
El error inverso también existe. Listar el material dentro del parte está bien y conviene, pero no sustituye al albarán del proveedor. Son dos documentos con dos destinos: uno va a la justificación del trabajo, el otro al control de compras. Hacen falta los dos.
Tres confusiones más que cuestan dinero
- Dar el parte firmado por certificado. La firma es condición necesaria, no suficiente. Dice que el trabajo se ejecutó; la certificación dice cuánto se valora de ese periodo. Entre las dos hay una medición, y es ahí donde un parte impecable puede acabar valiendo menos de lo esperado.
- Llamar factura a la certificación. Emitir la factura antes de que la certificación esté aprobada tiene muchas papeletas de acabar con la factura devuelta y otra vez al final de la cola.
- Anotar el extra en el albarán. El extra se pide de palabra, hay que apuntarlo en algo, y lo que hay a mano es el albarán del material que acaba de llegar. Ese papel va al almacén, no a la certificación. El extra tiene que quedar escrito en el parte del día en que se ejecuta, separado de lo presupuestado y con el nombre de quien lo pidió.
Una aclaración, porque la conversación se va sola hacia lo jurídico: aquí se está hablando de cómo organizar la documentación de una obra. Si la duda es qué documento te obliga, cuánto hay que conservarlo o qué valor tiene frente a una reclamación, esa pregunta es para tu asesor o tu abogado, no para un artículo.
Cómo saber si tu circuito los distingue de verdad
Cuatro preguntas sobre la documentación del mes pasado. No hace falta ningún programa para responderlas, solo abrir la carpeta.
- ¿Cuántos partes se emitieron en esa obra y cuántos albaranes de material entraron? Tienen que ser dos números distintos y los dos tienen que existir. Si es el mismo número, o si nadie lo sabe, los dos documentos se están usando como si fueran uno.
- ¿Hay alguna línea de la última certificación respaldada solo por un albarán? Esa es la línea que se cae en cuanto alguien la mire con calma.
- ¿Las horas de la obra aparecen en algún documento firmado por la constructora? Si solo están en un parte interno sin firma, no están respaldadas: están apuntadas.
- ¿Dónde está escrito el último extra? En el parte del día, en un albarán o en un mensaje de móvil. Las tres respuestas son muy distintas cuando llega el momento de cobrarlo.
- ¿Quién firmó cada cosa? En los albaranes, quien recibió el material. En los partes, el jefe de obra de la constructora. Si en ambos aparece el mismo garabato, o si en los partes no aparece ninguno, no hay dos documentos: hay uno haciendo el papel de los dos.
Y si al hacer este repaso aparecen partes de una obra que ya se ha entregado, ese es un problema aparte, con sus propias salidas.
Cómo lo plantea Werqo
Werqo se ocupa del eslabón que no se puede reconstruir después: el parte de trabajo.
El operario lo rellena en el móvil en la propia obra, con las horas por persona, lo ejecutado, el material empleado, las incidencias y las fotos dentro del mismo documento. Ahí mismo firma el jefe de obra de la constructora, y después el encargado del gremio. Queda un parte por jornada, numerado, con las dos firmas identificadas y sellado para que no se pueda modificar por detrás, así que cuando toca montar la relación valorada del periodo cada línea tiene detrás un documento concreto. El recorrido completo está en cómo funciona.
¿Acabas justificando mano de obra con albaranes de material? Werqo está buscando sus primeras empresas, con condiciones especiales de lanzamiento. Si quieres ver cómo quedaría la documentación de tus obras, escríbenos y lo vemos.
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